jueves, 4 de diciembre de 2008

La sustentabilidad del Espinal

La sustentabilidad del Espinal
"El productor puede vivir del monte sin degradarlo"

Lo recuerda Antonio De Petre que es especialista en suelos. Investigaciones recientes demuestran que estos bosques producen pasturas de calidad que pueden utilizar los tambos y las explotaciones ganaderas.
"Hay tamberos de Entre Ríos que defienden el monte a muerte", cuenta el edafólogo Antonio De Petre. Y lo hacen porque los algarrobos y aromitos son un soporte clave de sus esquemas productivos.
Bajo la cobertura de los árboles, crecen pasturas naturales que alimentan a sus animales. "Estas vacas alcanzan un rendimiento de quince litros de leche por día, sin ningún tipo de suplementación adicional", precisa. Este es uno de los ejemplos que utiliza este experto para argumentar que el monte del Espinal es económica y socialmente sustentable.
De Petre es un referente de peso en esta especialidad. Es docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Entre Ríos (Uner). Realizó un posgrado en Edafología y Biología Vegetal en Sevilla (España) y es profesor invitado en la Maestría en Ecología Internacional de la Universidad de Sherbrooke (Canadá).
Además, durante cuarenta años trabajó en el antiguo Magic (Ministerio de Agricultura, Ganadería, Industria y Comercio), asesorando a los productores y al gobierno; y también participó en varios proyectos -con financiamiento de organismos internacionales- que estudiaron la sustentabilidad de los suelos y los bosques en Santa Fe y Entre Ríos.
Entrevistado por El Litoral, De Petre destacó que hay trabajos recientes que confirman que en los suelos protegidos por cobertura boscosa hay el doble de materia orgánica, y que los árboles que conforman el Espinal -aunque no tengan mucho follaje- secuestran casi el mismo porcentaje de dióxido de carbono (uno de los gases efecto invernadero) que los bosques de robles.

-¿Qué características tiene el bosque del Espinal?-
La región del Espinal tiene unos 330.000 kilómetros cuadrados (incluye zonas de las provincias de Corrientes, Santa Fe, Córdoba, La Pampa y Buenos Aires, ver infografía). Se llama así porque los árboles tienen espinas. En Santa Fe y Entre Ríos, las especies de árboles características son el algarrobo negro, el ñandubay y el aromito (o espinillo). En La Pampa, Buenos Aires y Córdoba, la especie forestal más importante es el caldén (es muy parecido al algarrobo).Climáticamente, es una zona con regímenes de semiaridez, sobre todo en La Pampa, Córdoba y Buenos Aires. No así en Santa Fe y Entre Ríos, donde el clima es templado húmedo, y por eso se constituyó en una masa boscosa importante.

-¿Cómo son estos árboles?-
Son desgarbados, con poco follaje. La verdad es que muchos piensan que no sirven para nada. En Santa Fe queda muy poco monte (algo en el departamento San Javier y también en San Cristóbal) y está muy degradado. Entre Ríos conserva una superficie importante de estos bosques, pero está siendo fuertemente acosada por la expansión agrícola. El ritmo de deforestación es impresionante.

-¿Por qué el espinal está degradado?-
Estos eran suelos que habitualmente se utilizaban para el uso ganadero. Ahora, los árboles son derribados para aumentar la rentabilidad inmediata del suelo. En realidad, los estamos perdiendo por desconocimiento. No somos conscientes de la importancia que tienen estos árboles.

-¿Por qué son importantes?-Una tesis de la Uner (ver recuadro) demostró la sustentabilidad del sistema del Espinal. Este trabajo (que el propio De Petre tuteló) comprobó que en el suelo que está debajo de los árboles el porcentaje de materia orgánica es hasta un 50 ó 60 % más alto que fuera de esa protección. Este es un indicador clave de la calidad que alcanzan las tierras con cubierta boscosa. Además, son suelos con mayor estabilidad estructural y con una adecuada velocidad de infiltración.

-¿Qué rol cumplen la velocidad de infiltración y la estabilidad estructural?-
La infiltración es la velocidad con que el agua desciende desde los estratos superiores del suelo hacia abajo. Si el agua no infiltra adecuadamente queda confinada y produce un fenómeno que se llama anaerobiosis. Básicamente, implica que la materia orgánica no se degrada porque los organismos del suelo, saturados de agua, son muy poco activos (necesitan oxígeno). Lo ideal es que el agua vaya pasando por las capas del suelo y un porcentaje de humedad quede, sin estancarse, pero tampoco escurriendo rápidamente como en los suelos arenosos.

-Es un proceso complejo.-
Evidentemente, es un equilibrio delicado. En esta cuestión, la estabilidad estructural es crucial. Cuando tiene valores correctos permite que haya agujeros por donde el agua va filtrando. En los suelos protegidos por el monte es mucho más alta. En realidad, estos árboles son un paraguas protector muy importante del ecosistema. Cuidan el pasto y los suelos. El ganado bovino y ovino puede producir leche y carne prácticamente sin ningún tipo de insumos.

-¿Ustedes investigaron actividades económicas que se hacen sin degradar el monte?-
Nosotros trabajamos con productores tamberos que usan los pastos que produce el bosque para sus vacas. Y estos animales alcanzan rendimientos de quince litros por día, alimentándose sólo con esos pastos naturales, sin adicionar raciones. Además, los árboles también dan sombra a estos animales y disminuyen el estrés térmico. Debajo de las ramas, la temperatura se reduce cinco grados en verano. Y en invierno también protege a las vacas de las bajas temperaturas. El monte es un refugio muy importante para esos animales y para todo un núcleo social.

-¿A qué se refiere?-
Nuestros trabajos también insisten en la protección del bosque nativo para evitar la expulsión de los núcleos sociales que viven en interrelación con el monte. La gente que se va nunca vuelve y termina engrosando las zonas periféricas de las grandes ciudades. Este es el gran dilema.

Mediciones concretas
Antonio De Petre explica una y otra vez que el monte del Espinal puede utilizarse de forma sustentable sin ser degradado y hay trabajos concretos que avalan su argumentación.
Por ejemplo, la tesis de grado del ingeniero agrónomo Juan Pablo Hernández, que fue dirigida por De Petre, en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Entre Ríos.
En esta investigación, Hernández demuestra que los suelos que están protegidos por algarrobos, ñandubayes y espinillos tienen más materia orgánica, más fósforo y más nitrógeno (nutrientes) que las tierras que están fuera de las copas de los árboles.
Además, como comentó De Petre en la entrevista, la capacidad de infiltración de los suelos y su estabilidad estructural es significativamente mayor bajo la cubierta boscosa, que fuera de ella.
Para alcanzar estas conclusiones, Hernández realizó mediciones en un establecimiento ganadero de la provincia de Santa Fe ("El Matrero", en San Javier) y en un tambo de Entre Ríos ("Santa Margarita", cerca de Bovril).
Ambos productores utilizan las pasturas naturales que crecen bajo el monte para alimentar y engordar a sus animales.
Pero, además, De Petre participó del trabajo de investigación "Alternativas de Sustentabilidad del Bosque Nativo del Espinal", que se realizó hace dos años y que fue financiado por Naciones Unidas. En este estudio, participaron profesionales de la Uner, de la UNL y de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
En este caso, se analizaron "módulos demostrativos de producción sustentable", a partir de los establecimientos de cinco productores de Entre Ríos y otros cinco de Santa Fe.
De Petre y sus colegas concluyen en que los esquemas en los que se interrelaciona el monte y la ganadería (o la lechería) tienen varias ventajas. Dicen que hay un mejor uso de los recursos naturales -por ejemplo, el agua. Además, se reduce la erosión del suelo, se atenúa el impacto de las variaciones climáticas -los árboles son como un "techo" que cuida a los animales del viento y las temperaturas extremas.
A estos beneficios se suma que los árboles participan en la captación de carbono (ver El monte y el calentamiento global) y ofrecen productos alternativos: leña, pastos, miel, frutos, resinas, plantas medicinales y espacios para la recreación y el turismo.

El monte y el calentamiento global
Hace décadas que los científicos advierten que las masas forestales secuestran dióxido de carbono. Las plantas lo capturan para realizar la fotosíntesis, y de esta forma contribuyen a mitigar el crecimiento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera (que se duplicaron en los últimos 200 años, a partir de la Revolución Industrial).
En relación con el monte del Espinal, De Petre investigó una cuestión bien precisa: ¿Los espinillos y algarrobos secuestran cantidades de carbono similares a los bosques más frondosos?
"Nosotros lo medimos en Santa Fe y Entre Ríos. Y nuestra conclusión fue que capturan porcentajes similares a los de un bosque de robles", concluye.
El edafólogo consulta las prolijas carpetas que recopilan sus trabajos y ofrece datos precisos: "Una masa boscosa caducifolia (por ejemplo, robles) secuestra un 50 % de carbono; y los árboles del Espinal capturan entre un 46 y un 48 %. En realidad, no es una diferencia significativa, aunque tienen mucho menos follaje".

-¿Cómo se mide el secuestro de carbono?, pregunta El Litoral.-
En un horno especial, se quema aserrín de las ramas y del tronco, y así se analiza su composición elemental. Toda planta está compuesta por cuatro elementos: carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno. Lo que logramos precisar con estos trabajos es en qué porcentaje está presente cada uno de esos elementos.

-¿En qué casos puede haber diferencias más significativas?-
Los algarrobos y aromitos no suelen superar los siete metros de altura. Obviamente, en el Amazonas, donde hay árboles que superan los 30 metros, el secuestro de carbono es mayor. También es cierto que en invierno, cuando las ramas se desvisten, capturan menos carbono.

Gastón Neffen - gneffen@ellitoral.com

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